Durante las primeras horas de la mañana, la circulación en las avenidas principales de Iztapalapa solía presentar nudos viales críticos que retrasaban el traslado de miles de trabajadores. La implementación de un nuevo esquema de paraderos ordenados y la delimitación estricta de carril exclusivo para transporte público han comenzado a dar resultados medibles en la fluidez del tránsito local. Este esfuerzo responde a las demandas históricas de las colonias del oriente de la capital.
Nuevos carril-bici y zonas de ascenso delimitadas
La intervención física en la calzada incluyó señalización clara para paradas autorizadas y la separación de flujos vehiculares. Con esta medida, los autobuses urbanos reducen sus tiempos de parada e impiden el bloqueo de carriles centrales. Los usuarios reportan trayectos más eficientes en horarios pico y menor tiempo de espera en plataformas.
Impacto directo en la seguridad de los peatones
Además del ordenamiento vehicular, las autoridades locales instalaron cruces peatonales iluminados y rampas accesibles en los nodos de mayor afluencia. Esta infraestructura reduce el riesgo de atropellamientos en intersecciones complejas donde antes reinaba el desorden. Las comisiones de vecinos vigilantes han dado seguimiento continuo para garantizar que los transportistas respeten las señalizaciones.
El reto de mantener el orden vial
Mantener la fluidez conseguida requerirá supervisión permanente por parte del personal de tránsito y la colaboración constante de los operadores del servicio. El proyecto se plantea como un modelo replicable para otras arterias saturadas del oriente de la Ciudad de México.
